La industria textil es la segunda más contaminante del planeta, (¡ojo a lo que viene!), por detrás de la petrolera.

Para dar una respuesta con una base sólida, hemos recopilado información para hacer un resumen visual de algunos datos en los que puedes ver porqué .

Algunas cifras recopiladas en los años 2017 y 2018

 

¿Podemos hacer algo para minimizar el impacto? ¡Por supuesto!. Y en este artículo vamos a comentar algunas opciones.

Las dos primeras a las que vamos a hacer referencia son la donación y venta de ropa usada. Curiosamente ambas no sirven de solución por los mismos motivos: el ritmo abusivo de fabricación y la baja calidad de la gran mayoría de las prendas.

Te lo explicamos.

Por un lado, la confección de ropa a velocidad abusiva no permite dar salida a todo el producto a pesar del consumo excesivo actual. Muchas ONGs ya no tienen capacidad de manejo para un volumen tan elevado con beneficios casi nulos y las propias fábricas queman toneladas de prendas para las que no encuentran salida. En este artículo no hablaremos de las que terminan en ríos y vertederos ilegales.

Si estabas pensando en África, te diremos que ya son varios los países que han prohibido la llegada de ropa usada procedente de Europa. Además de haber acabado con la industria textil autóctona (las donaciones son más baratas que la mano de obra) pueden comprarla nueva en China a un precio inferior. ¿No te preguntas a costa de qué o quien?.

El otro aspecto tiene que ver con la calidad de las prendas, ya que está prevaleciendo la compra compulsiva a bajo coste sobre sus características. ¿Esto qué provoca? Pues por un lado que la compra de segunda mano apenas tenga interés para el consumidor dada la escasa diferencia de precio con las prendas nuevas, y por otro que ni a las propias compañías textiles les merezca el cambio a un modelo de reciclaje debido al coste del proceso frente al bajo aprovechamiento textil.
La pescadilla que se muerde la cola.

La tercera opción que proponemos y que hemos incluido en nuestro proyecto, es la de reutilizar telas y productos en desuso. Además de ser posible a nivel local gracias al bajo coste de inversión, favorece el trabajo artesana, reduce los excesos de ropa al tiempo que alarga la vida de las prendas y también los costes y contaminación por traslado a otros continentes para llevar a cabo su procesado.

A nosotras nos parece un buen parche mientras se implantan las medidas que consigan frenar este consumo mal gestionado, haciendo un bien por partida doble a nuestro entorno más próximo.

Puedes encontrar algún artículo hecho a partir de telas recuperadas en nuestra sección de complementos.

¿Te sumas al cambio?