Si estás leyendo este artículo es probable que tú o tu pequeño estéis sufriendo algún tipo de problema de piel.

Cada vez son más comunes, en los últimos 30 años los casos de dermatitis infantil han aumentado en casi un 300%. En torno al 20% de los niños sufren problemas dérmicos y en más de un 70% de los casos aparecen antes de los 5 años.

La contaminación, la alimentación y el uso excesivo de químicos tienen un papel decisivo en estos datos. Pero no te asustes, porque también tenemos que decirte que en muchos casos, son problemas transitorios.

Lo que viene ahora lo sabemos de primera mano, dos veranos consecutivos y sin motivo aparente, estuvimos entre 7 y 10 días sin poder dormir por un brote “brutal” de dermatitis atópica.

La irritación y el picor provocan que más de la mitad de las personas afectadas sufran episodios de ansiedad y depresión por no poder llevar una vida diaria normal. En ocasiones además, la dermatitis deriva en otras enfermedades alérgicas como asma o rinitis alérgica.

Es un problema, por eso queremos darte algunas claves sencillas para minimizar sus efectos.

Factores que alteran las pieles sensibles y alérgicas.

Lo primero que debes tener en cuenta es que hay factores externos e internos que pueden hacer que este tipo de pieles reaccionen.

Influir sobre los internos o propios es en algunos casos imposible (genética), en otros medicable (hormonas) y en otros requiere una dedicación y trabajo diario (estrés).

A pesar de que no está en nuestra mano controlar los externos, paliarlos requiere de acciones más sencillas.

· La prevención.

Es muy importante hidratar correctamente la piel atópica.

Utilizar cosmética y jabones naturales ayuda a protegerla, retener la humedad y calmar las reacciones, gracias a las propiedades curativas de sus ingredientes.

Evita la humedad. Seca bien la piel después de cada baño y haz lo mismo con el sudor. La humedad incrementa la irritación y los picores.

Utiliza protección solar adecuada durante todo el año, poniendo especial atención en las zonas afectadas y en los días de más radiación.

· Los cambios de temperatura en la piel.

En verano porque es verano y en invierno… ¡porque vamos como cebollas!. La clave es la ropa.

Aléjate de los tejidos sintéticos, impiden que la piel “respire” correctamente. Utiliza tejidos naturales, son mucho más transpirables y tienen mayor capacidad de absorción. El algodón es el rey.

Aunque no todos los tejidos de algodón convencional son dañinos ni afectan a todas las personas, sí es cierto que las pieles y vías respiratorias sensibles reaccionan en alta medida a los químicos de estas telas. Por eso tenemos que hacer especial mención al algodón orgánico, que está libre de sustancias nocivas en todo el proceso de cultivo y confección, y por tanto, minimiza el riesgo de afección.

Pinchando aquí puedes acceder al artículo donde hacemos una comparativa entre estos dos tipos de algodón.

· La alimentación.

En este apartado tenemos que decir que aunque no hay un listado genérico de “alimentos prohibidos” que palíen los problemas de piel, la alimentación es un pilar fundamental en nuestra salud integral y por supuesto, influye también en nuestra piel.

Con una simple analítica puedes conocer los alimentos que a ti particularmente te producen alergia o que sería conveniente que evitases para sentirte mejor. Lo mismo si el afectado es tú bebé o está todavía en lactancia, tu alimento es su alimento, debes cuidarte de lo que le hace daño.

No cabe duda que nutrirse a base de productos ecológicos y no procesados siempre será mejor opción que la opuesta. Pero además hay alimentos que contienen nutrientes clave para cuidar y mejorar tu piel en función de sus problemas.

En este punto te aconsejamos acudir a una persona con formación en la materia. Nosotras conocemos de primera mano a Ramón Zelada, coach de salud integral, que justo este 30 de marzo imparte un taller práctico sobre estas cuestiones en A Coruña. Puedas acudir o no, nuestro consejo es que no te pierdas un sólo post de su blog porque contiene información abierta a todo el mundo que vale oro.

 

Como ves, no hay fórmulas mágicas. Consiste en hacerse una rutina diaria que una vez que consigues interiorizar deja de parecer un castigo y pasa a convertirse en aquello que te hace sentir bien. Nosotras lo resumimos en un invertir en bienestar para no gastar en medicinas… y de momento, no nos podemos quejar. 🙂