Hoy queremos contarte porqué hemos tomado la decisión de seguir la línea sostenible en nuestro proyecto.

Hace unos diez años llegaban a nosotras imágenes de cómo fabrican los gigantes textiles, todavía hoy, en países como China, Turquía o Bangladesh.

Empezaban a sonar en Europa la realidad de los niños y niñas obligados a trabajar, las interminables jornadas de 14 o 16 horas en fábricas y los vertidos incontrolados en ríos, entre otros asuntos… y quisimos saber más.

Comenzamos a buscar información y a colaborar con ONGs para intentar aportar nuestro granito de arena en lugares muy concretos del llamado “tercer mundo”, pero con el tiempo se nos hizo insuficiente, así que nos fuimos a ver en primera persona cómo los niños morían al ingerir agua contaminada (o alimentos contaminados con este agua), cómo la falta de recursos los alejaba de la educación, y cómo de mayores ellos mismos priorizaban la supervivencia a la educación de sus hijos.

Desde entonces, nuestra meta ha sido encontrar la forma de encaminar un proyecto con sentido común: respetuoso con el medio y las personas, generoso en sus posibilidades y coherente en las formas.

Lo difícil (y triste) de todo esto, es que hemos llegado a un punto en que se hace necesario informar sobre los beneficios y características de lo natural frente a lo que no lo es, para que las personas tengamos un derecho real a decidir lo que consumimos.

¿Qué tiene que ver esto con el algodón?

Hay cuatro actividades necesarias para asegurar la vida: respirar, beber, comer y reproducirse y el algodón orgánico es beneficioso para las cuatro. ¿No te parece demoledor?.

Vamos por pasos.

Lo primero que tenemos que contarte sobre el algodón orgánico es que sus semillas no están modificadas genéticamente y que en su proceso de cultivo no se utilizan fertilizantes químicos ni pesticidas.

Esto significa que no hay residuos pululando por el aire o la tierra que posteriormente puedan pasar a nuestro organismo a través de la respiración o la ingesta de comida, y que la salud de los/as trabajadores/as del campo no va a verse menguada por el contacto con ellos.

Hay estudios que demuestran que los transgénicos son contraproducentes para la fertilidad, y aunque no incluimos el algodón en nuestras dietas, sí lo hacen otros animales de nuestra cadena alimentaria, con lo que termina en nuestro organismo.

Otro aspecto importantísimo del cultivo del algodón orgánico es el exhaustivo control del agua en el riego y la producción. Hoy por hoy el agua ya es más importante para la economía que el oro o el petróleo, y las razones son su necesidad y escasez.

Para que te hagas una idea, fabricar unos pantalones vaqueros requiere unos 2.500 litros de agua. Si tanto tintes como pesticidas tintes son químicos… te imaginas el resultado, ¿no?

El algodón orgánico certificado como Fair Wear, las diferencias se amplían todavía más con el algodón convencional, puesto que además de un compromiso medioambiental, adquiere también compromiso social.

Los tintes utilizados para dar color a las prendas de algodón orgánico, han de ser, obligatoriamente, tintes naturales. La ausencia de químicos nocivos en todo el proceso de cultivo y fabricación de las prendas confeccionadas con este tejido, las dotan de mayor suavidad y transpirabilidad, lo que las hace beneficiosas para pieles atópicas y con alergias, que no están en contacto con derivados del petróleo ni sustancias nocivas., y también 5 veces más resistentes.

El compromiso social se regula por el Código de Buenas Prácticas Laborales de FairWear Foundation, basado en 8 normas derivadas de los convenios de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos humanos. Son las siguientes:

  1. El empleo es libremente elegido.
  2. No hay discriminación en el empleo.
  3. Ausencia de explotación del trabajo infantil.
  4. Libertad sindical y derecho de negociación colectiva.
  5. Pago de un salario digno.
  6. Horas razonables de trabajo.
  7. Condiciones de trabajo seguras y razonables.
  8. Relación laboral legalmente vinculante.

Estas 8 normas no son aplicadas en más de medio mundo, y es en esas partes donde se confecciona el 90% de la producción textil mundial. ¿A ti también te duele?.

Desde Farrapos e contos queremos hacer la ropa ética más accesible, por eso hemos ideado dos sistemas de descuentos: uno de recogida de ropa para reciclaje y otro de re-compra de prendas semi-nuevas de nuestra marca.

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